CAPÍTULO ONCE

Debía de ser muy tarde. Unas risas escandalosas irrumpieron en el sueño recién conciliado de Lucia. Tras la ventana, el  cielo de Berlín era oscuro y de aspecto frío. Le pareció haber estado soñando. Aquella noche, las lágrimas todavía de resaca en sus ojos, el paquete de cigarrillos acabado y el cenicero lleno de colillas a medio fumar, y los restos del alcohol que Lucia había tomado la noche anterior para ahogar sus penas. Su cabeza daba vueltas y tenía un horrible sabor de boca.

Todos los esfuerzos que hizo por olvidar a Mario la pasada noche, habían sido en vano y, a cambio, seguía sintiendo la misma rabia y la misma decepción además de una buena borrachera justo el día antes de empezar en su nuevo trabajo.

Todo el sueño dorado que le pareció estar viviendo desde que llegó, se había esfumado en esos 2 minutos que separaban la llegada de Mario a la puerta del Deutsch Opera, de su huída e aquel taxi testigo de sus primeras lágrimas.

Rescatada de esa horrible sensación, volvió a escuchar las risas que provenían de la calle y miró el reloj. Eran las 3 de la madrugada, y sintió curiosidad.

Asomó tímidamente a través de las cortinas de gasa blanca que cubrían las ventanas hasta alcanzar ver la calle y pudo ver a una Sophie desmelenada.  Absolutamente desinhibida y alocada. Una Sophie que jamás antes había visto. Fresca, divertida y jovial. Se reía mientras bromeaba con otra mujer a quién Lucia no había visto antes. Era joven, de complexión delgada y, por su aspecto, probablemente extrajera.

Sintió una especie de curiosidad por seguir observado. Una de las aficiones preferidas – e inconfesables- de Lucia, era mirar a través de las ventanas para observar la vida tras ellas. Le gustaba mirar cómo la gente vivía, desde la naturalidad y la ignorancia de saber que eran vistos.   

Miró a Sophie  con asombro descubriendo a una nueva Sophie que jamás antes imaginó.  Sintió que estaba haciendo algo prohibido y esa sensación, la llenó de un placer difícil de describir. Notó como repentinamente sus reflejos se agudizaban por mirar sin ser vista y al mismo tiempo, como los efectos del alcohol se iban disipando. Ella no lo sabía pero, en ese momento, no pensaba en Mario.

La chica de complexión delgada cogía a Sophie por la cintura y la zambaleaba como intentándola hacerla bailar mientras reían. Sus manos no carecían de intención. Entre ellas, se observaba un juego sensual. Un lenguaje de seducción muy explicito que jugueteaba entre  los límites del alcohol y la voluntad de aquella chica de acariciar el cuerpo de  Sophie.  Y Sophie, se dejaba querer.

Las risas y el juego continuaban y las manos de aquella jovencísima chica cada vez tomaban una dirección más insinuante.  Un vecino  alarmado le llamó la atención y ellas, con una carcajada contenida, pusieron silencio a su juego. Pretendiendo ser discretas, se apartaron de la mitad de la carretera y se cobijaron en un portal, con la suerte para Lucia, de que el portal fuese el de delante de la ventana, donde ella, agazapada tras las cortinas y ejecutando su labor expiatoria, podía continuar mirando como aquel juego, pasaba de ser una simple escena de chicas bebidas, a un cortejo.

A pesar de su corta edad,  aquella chica arrinconó a Sophie contra el portal y le acarició la mejilla. Deslizaba su mano sobre su cara llevándole los dedos al interior de su boca. El gesto de timidez de Sophie se podía apreciar desde aquella ventana.

– ¡Dios mío! – pensó Lucia. A Sophie le gustan las chicas…..

Por un momento, Lucia sintió que su amistad podría cambiar. Saber que a su mejor amiga le gustaban las chicas le hacía plantearse cuantos millones de veces se habían desvestido juntas y incluso hablado de sexo. Le hacía sentir incomoda el hecho de pensar que tal vez, las intenciones de Sophie con ella fueran distintas, pero lo cierto, es que lo que más le indignaba, es que no hubiera confiado en ella como para contarle semejante cosa.

– ¿Quizás no es lesbiana y esto sólo es producto de una noche alocada y de borrachera? – quiso convencerse.

Pero lo cierto es que mientras pensaba, no podía dejar de mirar.  Había estado los últimos tres días sometida a una tensión sexual creciente que no había podido desahogar y, aquella situación, la estaba excitando más de lo que ella hubiera esperado.

La mano de aquella mujer desconocida jugueteaba con la lengua de Sophie y con la otra mano, buscaba sus pechos bajo la blusa. Aún no se habían besado y aquel, era un momento que Lucia esperaba de manera inconsciente.

Sus cuerpos empezaron a mezclarse, con caricias rebosantes de placer y cuerpos que se retorcían con cada caricia. La situación era doblemente excitante para Lucia. Por un lado, aquella escena de sexo contenido entre dos mujeres…nunca imaginó que ver a dos mujeres consiguiera hacerla excitar tanto. Por otro lado, el hecho de espiar a través de aquellas ventanas. Era fascinante y cada vez más, los pechos de Lucia empezaron a erguirse y su sexo empezó a humedecerse. Se sentía abrumada pero nada podía conseguir que retirara la mirada de aquella ventana y de aquella escena.

La delgada chica desconocida intentó besar a Sophie y ella, de manera refleja, retiró la boca. En aquel momento Lucia intuyó que Sophie no era una habitual de las prácticas lésbicas, pero tampoco estaba segura.  La chica lo intentó por segunda vez, pero Sophie de nuevo retiró su boca.   EL cuerpo de Sophie empezó a mostrarse más rígido, más distante y cuando aquella chica de nuevo intentó traerla hacía si, Sophie se separó de los brazos de aquella amante hambrienta y cruzaron algunas palabras.

Lucia no conseguía entender  que se decían pero, por los gestos y la expresión de Sophie, parecía que aquel romance nocturno y callejero no iba a acabar entre sábanas.

 Lo cierto es que sería difícil saber si aquella negativa por parte de Sophie le había decepcionado o por el contrario, le había alegrado a Lucia. Era tanta la excitación que Lucia sentía, que con tan sólo volver a recordar la escena podría alcanzar un orgasmo. Estaba tan sorprendida por la actitud de Sophie que  ello le impedía darse cuenta de cuánto le había gustado ver a aquellas dos mujeres  tocarse. Recordó en ese momento las miles de veces que en conversaciones con amigos se había dicho que todos llevamos un homosexual dentro de nosotros. Y tantas veces lo había escuchado que, a decir verdad, incluso más de una vez había hecho suyas esas palabras convencida de que era cierto. Y tal vez fuese cierto. Tal vez todos nosotros teníamos un homosexual dentro de nosotros mismos capaz de hacernos sentir deseo y  placer. Aquella situación era muy extraña y además, terriblemente excitante. 

Cuando se hubieron despedido, Lucia corrió hacia su cama  por miedo a ser descubierta.  Se metió debajo de las sabanas pero, sentía tanto calor, que tuvo de despojarse de la colcha que le cubría para aliviarse.

El calor, evidentemente,  manaba de dentro de ella y, haría falta mucho más que despojarse de ropa para aliviar la temperatura.

Pensó rápidamente si debía hacerse la dormida o por el contrario levantarse y explicarle a Sophie todo lo que había ocurrido. Evidentemente abordar el tema de que la había visto casi besarse con otra mujer no era una conversación fácil de arrancar. No sabía si iba a ser capaz de disimular o de contener la necesidad de preguntarle a Sophie por aquello.  

Escuchó la puerta abrirse con poca discreción y mucho jaleo. Quizás Sophie pensó que Lucia no habría llegado o tal vez, aun andaba demasiado borracha como para ser cuidadosa al entrar en casa.  Lucia mientras tanto seguía escondida en su cama, llena de preguntas, húmeda  aún por el placer de haber visto ilícitamente a aquellas dos mujeres y con la excitación derivada del montón de experiencias nuevas que había vivido en los últimos días.       

Entró en el comedor y hizo ruido. Lo cierto es que en el silencio de la noche hasta una respiración puede ser advertida  a mucha distancia y Lucia, respiraba de manera agitada. ¿Era el miedo o tal vez la excitación? Se escuchó como Sophie abría la nevera y bebía algo de allí. Se abrieron armarios, puertas y se encendieron luces sin pretender ser discreta. Cuando hubo acabado, apagó las luces y se dirigió a su habitación.

Al llegar a la puerta de la habitación de Lucia, sus pasos se detuvieron. Como si de escapar de un ladrón se tratara, Lucia interrumpió su respiración tanto como pudo para no llamar la atención de Sophie. No movió un milímetro de su cuerpo, apenas respiró, y se mantuvo inmóvil hasta que Sophie empezó a caminar de nuevo, pero con dirección hacia la cama de Lucia.

– ¡!Ohhh Dios mio…Oh dios mío….!! Viene hacia aquí – pensó Lucia aterrorizada.

Su respiración se volvió más agitada, su cuerpo se estremeció, su miedo iba en aumento y aquella sensación le estaba proporcionando más placer del que jamás imaginó.

Sophie se acercó a la cama y después de haber observado a Lucia durante unos segundos, que a Lucia le parecieron horas, le acarició el pelo, la mejilla y susurró:

– Buenas noches Luchi. Que descanses – dijo en voz baja y en tono maternal – y caminó  hasta la puerta para desaparecer de la habitación.

Aquel momento resultó interminable. Aquella sensación era tan nueva para Lucia que no tenía herramientas suficientes para gestionarla sin hacerse demasiadas preguntas:

-¿Quién era realmente ella?, ¿¿Qué sentía por Sophie? ¿Habría cambiado su relación con respecto a ella? ¿Confiaría de la misma manera? ¿Le excitaban las mujeres? – Todas aquellas preguntas y otras azotaban la consciencia de Lucia mientras, no podía obviar ni evadir aquella sensación de excitación que la continuaba invadiendo.

Se apagaron las luces. Miró de nuevo el reloj y ya marcaban las 3:45 de la madrugada.

– ¡Tengo  que dormir!   ¡Tengo que dormir!– pensó.

Al otro lado del pasillo, en la oscuridad de la madrugada, aún se escuchaban claramente los movimientos de Sophie en su cama dando vueltas.  Ir y venir de sabanas que buscaban la manera de acomodar y cobijar el sueño de Sophie. Aquella situación, la vivida con la chica de complexión delgada, probablemente también era nueva para Sophie. No podía dejar de pensar  ni de escuchar.  La sorpresa no le dejaba conciliar el sueño. Los movimientos de Sophie se amplificaban una y otra vez en su mente, la respiración de Sophie llegaba hasta el otro lado del pasillo en forma de suspiros….no! no eran suspiros, ¡eran jadeos!. Sophie estaba desahogando su excitación consigo misma. Se estaba masturbando y Lucia, escuchaba claramente los gemidos de Sophie.

Su entrepierna empezó a humedecerse. Sus pezones se endurecieron y su boca se abrió dejando ir pequeños suspiros inconscientes. Estaba muy excitada.  Se tapó los oídos con las manos queriendo escapar de aquella sensación, pero, la escena que había visto, ellas dos a punto de besarse, los gemidos de Sophie…..Nada podía apartarla de ese pensamiento. Se dio cuenta de que también ella necesitaba alcanzar el clímax, se dio cuenta de que todo aquello la había llevado a sentir un placer que, ni podía, ni probablemente quería evitar.

Inconscientemente, como si de una marioneta a la que le dirigen las manos se tratase, empezó a deslizar sus dedos por entre sus piernas hasta llegar a su  sexo.  Su respiración se agitó tanto que, probablemente, Sophie también pudo alcanzar a oírla, pero en ese momento, no supo ni pudo calibrar la intensidad de sus gemidos. Se dejó llevar. Sencillamente se entregó al placer que ella misma se estaba proporcionando sin querer pensar en qué o quién le había inspirado tal deseo. Le bastaron cuatro caricias para alcanzar el orgasmo y en un grito ahogado contra la almohada, dejó ir la tensión de las últimas horas y con ella, también se disiparon la rabia y la pena, la indignación y la confusión, el alcohol y los miedos. Con aquel suspiro, se fueron los fantasmas que la habían desarmado y durmió. Placida y sosegadamente. Durmió, como si la última noche, formara parte de otra vida, o tal vez como si aquella noche, fuese el inicio de una vida distinta que se disponía a vivir. 

Continuará….

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2 thoughts on “CAPÍTULO ONCE

  1. Rose says:

    Uauh, uauh, uauh…!!!!!!!

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