CAPÍTULO TERCERO

Sin duda ese era el  momento que habían estado esperando tantos años.

Creyó un milagro que el miedo  no la paralizara y aunque no conseguía olvidar  del todo quién era y que puerta estaba cruzando, era tanto lo que sentía, que la  imprudencia se convertía en una anécdota sin demasiado sentido. Cuando por fin se entregó a él en un abrazo tan intenso que podía sentir  el pálpito de su corazón, le traspasó su miedo, su añoranza y su verdad. Esa que jamás pronunció. Pudo sentir qué más allá de la piel, más allá del deseo, había  un alma que se estaba desnudando para ella.

Pero ¡Mario nunca le dijo lo  que sentía! Ella siempre creyó que lo suyo había sido simplemente una tensión  sexual no resuelta y algo le decía que aquello estaba muy lejos de ser algo  físico. Estaba desconcertada y la situación alteraba  absolutamente sus planes.

Se había puesto guapa y se había dejado en casa el  miedo a ser infiel pero, no entraba dentro de sus planes que con aquel beso, se sintiera tan perdida, tan aturdida, tan locamente enamorada y esa situación, por  primera vez desde que se decidió, le asustaba.

 

Tras unos cientos de besos desordenados, Lucia sintió la necesidad de leer en sus ojos  para conocer su verdad, para constatar sus  sospechas. Sus manos la agarraban fuerte contra su pecho, tanto, que era incapaz  de provocar la distancia necesaria para mirarle.

Cuando lo hizo, sus pupilas  eran profundas, brillaban y sus labios pedían a gritos volver a besarla. Ella  hizo una pausa y él puso su dedo sobre sus labios pidiéndole silencio pero, ella, tan impaciente como siempre y en busca de explicaciones o respuestas, preguntó casi  susurrando….

– ¡Nos ha costado media vida llegar hasta aquí!

– No importa el camino que hayamos tenido que recorrer Lucia, estamos aquí y eso es lo que  importa – dijo él con la sonrisa esperanzadora en su ojos.

– Mario….esto va a ser muy difícil

– ¿Esto? ¿Qué es exactamente esto? – y  ella volvió a sentirse confusa.

– No contestó. Sólo bajó su mirada en  busca de una respuesta de consolación.

– Nunca me gustaron las cosas  demasiado fáciles. ¿Acaso crees que he esperado 12 años para permitir que te  escapes de mí ahora? -susurró

– Ella sonrió y mostró esa timidez que, sólo de vez en cuando, invadía sus ojos.

Por un momento Lucia tuvo la  necesidad de recordar qué le había llevado hasta allí.

Sus pensamientos azotaban  con fuerza su consciencia, su deseo, su arrepentimiento quizás. Necesitaba  colocar cada pieza en su sitio para entender. No olvidaba su situación, sus  hijos, y a él, a Mario, a quién llevaba tanto tiempo pensando y deseando. Era  irracional pero, precisamente por ello, resultaba tan excitante. Sentía como poco a poco se estaba acercando a un precipicio por el que, necesariamente, iba a  caer y no sabía si estaba preparada. ¿Cómo podía valorar en un momento tan  intenso si estaba haciendo lo correcto? La confusión se apoderó de ella.

– Necesito ir al baño – le dijo- necesito un minuto……

– De  acuerdo. Estamos en la planta 15 del edificio así que espero que el pánico no te  haga saltar por la ventana para escapar de mi – le dijo entre risas en un intento de romper la  tensión.

– Lucia esbozó una sonrisa. No tenía fuerza ni ingenio para ser más ocurrente.

– Iré a buscar más vino a la cocina mientras vuelves- le dijo esperando una muestra de aprobación.

Lucia se dirigió hacía el baño con un caminar un tanto torpe. Aún le temblaban las piernas. Abrió la puerta y sólo alcanzó a sentarse sobre un banco que había.  Colocó la cabeza hacía atrás, sobre la pared, y cerró los ojos.

Primero con los ojos bien abiertos para sentir que aún estaba viva y luego, mientras se relajaba, los cerró lentamente y vino a  su mente la primera vez que le vio…….

Era Noviembre del año 2002…

– Disculpe señorita, he tenido un problema con mi tarjeta de  embarque y cuando la he impreso por segunda vez, me ha marcado un asiento  diferente.

– No se preocupe. Puede sentarse aquí y si algún otro  pasajero reclama veremos cómo lo solucionamos. El vuelo va bastante bien de  plazas y no creo que haya problema. ¿Puedo ayudarla con alguna otra cosa?

– No gracias. Esta todo perfecto – La azafata era guapísima y además amable. No es frecuente encontrar  personal siempre tan dispuesto a ayudar – pensó Lucia.

Faltaban un par  de minutos para salir. Esta iba a ser una experiencia fantástica.

 

Estaba feliz de haber conseguido finalmente la beca. Berlín!!Dicen que es una ciudad mágica. 6 meses allí no será demasiado tiempo. Me apetece de verdad alejarme de todo y vivir conmigo misma un tiempo. ¡6 meses no será demasiado tiempo! – Lucia  intentaba convencerse.

En realidad, había peleado mucho por conseguir esa beca y Berlín era, de los dos destinos, el que más le convencía.

-Seguro que cuando regrese  tendré la experiencia suficiente para encontrar un buen trabajo. Soy joven y  estoy bien preparada – pensó.

Inmersa en sus pensamientos pensó en sacar del bolso su “Moleskine” para hacer una lista de cosas importantes durante el vuelo. Lucia era la niña de las listas. Podría hacer una  lista de lo más completo de cualquier banalidad. Cualquier situación digna de  evaluar, era merecedora de una lista.

Puso el bolso en el asiento del acompañante, sacó la Moleskine y buscó su pluma.  Era increíble cómo podían caber tantas cosas  en un bolso! Sabía que en algún rincón de aquel enorme baúl debería haber por lo  menos un lápiz, pero empezó a ponerse nerviosa….Tomó la goma del pelo que  llevaba en la muñeca y se hizo un moño rápido. No podía pensar con todo aquel  pelo sobre su cara! empezó a sentir calor mientras sacaba del bolso e iba  depositando sobre el asiento las gafas de sol, el monedero, las gafas de vista,  el neceser, un cacao para labios, las llaves……

– Perdona, ¿Está  ocupado este asiento? Porque puedo pedirle a la azafata que me busque otro si necesitas que tus cosas viajen aquí.

Levanté la vista y ahí estaba él. Guapo, atractivo, elegante y con una voz preciosa y llena de paciencia y sentido del humor.

– Ohhhh, perdona – tartamudeé (impactada y sobrecogida por su presencia y por lo ridícula que me sentí en ese momento)- ¿¿pueden haber hombres tan guapos??

Tracé una tímida sonrisa mientras recogí a toda  prisa las cosas y -literalmente- las lancé contra el bolso, mientras pensé. -¿por qué demonios me he recogido el pelo? por lo menos con el pelo suelto estoy  más mona….en fin….!disfrutemos del vuelo! pero algo químico se  activó en mi cuando él se acercó para sentarse.

Podría ser uno de esos  tipos “guais” con los que charlar durante el vuelo  o, por el contrario, ser un guapo estirado con el que como mucho, de tanto en tanto y por  el rabillo del ojo, iba a poder recrearme la vista. No estaba del todo segura y tampoco tenía demasiadas expectativas pero, a priori, el viaje prometía.

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